miércoles, 28 de diciembre de 2011

Ocurrencias cargadas de conocimiento

¿Cuántas veces algunos de sus hijos/as y/o alumnos/as, en algún momento de la vida, no le ha llamado especialmente la atención diciendo alguna ocurrencia? 
En ese momento usted piensa, ¿dónde habrá aprendido eso? O por el contrario ¿quién le habrá enseñado algo así?, pensando, una a una, en la cara de los maestros/as que han pasado por su vida. Ha podido ser simplemente un gesto, un comentario, una acción… pero que a usted quizá le ha dejado  en evidencia delante de alguien, o ha tenido que salir del paso diciendo la típica frase de “son cosas de niños”… Y es que no somos conscientes de que nuestros alumnos/as no sólo aprenden en la escuela y en la familia; no, el círculo no se reduce “sólo” a esos espacios o a esas personas. Ellos pasan también mucho tiempo viendo la televisión, acompañados de amigos, a veces de edades diferentes a ellos, en sitios muy dispares según la clase de familia donde crezca, chateando, viendo páginas web en Internet, etc.

La escuela se ha quedado reducida al aprendizaje de conocimientos,  cada vez más es sólo una academia. Los alumnos/as escuchan nuestras explicaciones a veces  con interés, otras con ignorancia y, las menos, con curiosidad. Pero fuera de la escuela, los niños/as sí tienen curiosidad. Curiosidad por ver, por experimentar, por conocer, por sentir… y eso les crea aprendizajes llamados “no formales”. Nadie los planifica, ni los organiza, ni tienen un claro currículum donde encontrar los objetivos mínimos. Y es en esas situaciones o con esas “otras personas” cómo nuestros hijos/as y/o alumnos/as, aprenden lo que al principio les comentaba, esas ocurrencias, conocimientos y/o características que no conocíamos de ellos/as.

En mi opinión, la importancia principal de la Educación no formal radica en que se está dando continuamente, es decir, de manera diaria, casi inapreciable por quien la recibe y que se adquiere sin ningún esfuerzo, sin tener que “estudiar” para aprenderla.  Y sin el menor esfuerzo, está entrando en nuestros alumnos/as y les está inculcando valores, creencias, a veces semejantes pero otras contrarias a las que nosotros nos esforzamos por enseñarles, formas de pensar y de actuar. Pero, ¿qué hay qué hacer? ¿Cómo se controla lo que aprenden los niños/as, que se dice “son como esponjas”, cuando no están con sus padres o con los maestros? Fácil respuesta; sí, sí, fácil  porque no se puede controlar. No podemos estar todo el día en compañía de nuestros hijos/as o alumnos/as, sólo podemos controlar el tiempo que pasan en el Centro escolar o dentro de la casa familiar y en ocasiones con quién se encuentran, que páginas frecuentan en Internet o si los programas que ven en la televisión están adecuados a su edad.

Pero no quiero ser negativa, en absoluto. Todo no se puede enseñar en la escuela y no sería justo que ellos sólo aprendieran en ese reducido espacio, y en ese reducido tiempo. A veces “la experiencia da títulos”, es decir, también es positivo que los niños/as conozcan, sientan, experimenten por sí mismos, porque eso les llevará a saber elegir y a tomar decisiones a lo largo de la vida.


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